Esta monografía analiza la deconstrucción del mito historiográfico que atribuye el apellido Saavedra de Miguel de Cervantes a un sobrenombre adoptado durante su cautiverio en Argel (1575-1580). A través del análisis documental del poder notarial de 1568 localizado en el Archivo de Protocolos de Sevilla y los registros trinitarios del rescate de 1579-1581, se demuestra que Saavedra era apellido de linaje familiar anterior a la batalla de Lepanto y no invención posterior al cautiverio.
El trabajo examina cómo este error se instaló en la crítica cervantina desde el siglo XVIII hasta el presente, revisando las biografías de Mayans y Siscar (1737), Marín Sarmiento (1752), Pellicer (1800), Astrana Marín (1948), Canavaggio (1986), Trapiello (1993), Lucía Megías (2016) y Alvar Ezquerra (2025). Se establece que la hipótesis del origen árabe "shiabe-dra" o "Shaibedraa" ("brazo defectuoso" o "el manco") carece de sustento documental.
La monografía se basa en la biografía Cervantes vivo (2025) de José César Álvarez, quien localiza documentación que prueba el uso del apellido Saavedra por los Cervantes alcalaínos como "apellido durmiente" propio de la hidalguía venida a menos del Siglo de Oro. La transmisión del apellido a Isabel de Saavedra, hija natural del escritor, confirma que se trataba de patrimonio genealógico transmisible y no de sobrenombre personal.
El estudio analiza las consecuencias de esta corrección para la relectura de la obra cervantina, particularmente el Quijote y las Novelas ejemplares, donde la hidalguía, la limpieza de sangre y el linaje funcionan como ejes narrativos. Se establece que Cervantes escribía sobre hidalgos pobres desde la experiencia vital de quien encarnaba esa condición social hasta en el apellido.